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Até já, Porto!

Porto | the hanging plants

Manuel de Melo definió la palabra Saudade como «bem que se padece e mal de que se gosta» (bien que se padece y mal que se disfruta).

Echaré de menos Porto. Despertarnos con la luz de un sol radiante y hacernos um galão en nuestro apartamento del que nos costaba salir de lo precioso que era. Pasear sin rumbo fijo por las calles y dejarnos las piernas con cada cuesta y atravesar a Ponte Luís I y sentir vértigo mientras pasaba el metro a dos centímetros de distancia. También echaré de menos ver con mis propios ojos que no es la ciudad gris que me habían advertido sino que está llena de colores, azulejos preciosos para morirse de amor y jardines llenos de árboles florales.

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Echaré de menos descubrir junto con la pareja más bonita y artística de todo Porto y alrededores, Daniela y Tiago, que es una ciudad que tiene un gusto exquisito en cuanto al diseño (sólo tenéis que ver la identidad corporativa de la ciudad), con unas tiendas a rebosar de arte y artículos vintage que quitan el hipo cómo: Ó!Galeria, Coração alecrim, Mercado y las Galerias Lumiére, entre otras.

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Echaré de menos pasear por el Mercado do Bolhão y ver que ese lugar tan auténtico e histórico tiene alma propia. Ir a Casa Guedes para comer los sabrosos bocadillos de cerdo asado con queijo da serra (mi nuevo queso favorito) e ir a Casa Santo António para hacer menú de degustación de platos  hechos con base de bacalao.

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Echaré de menos cuando el palo selfie se volvió loco y empezó a hacernos cientos de fotos sin que pudiéramos pararlo. Para hacer un gif y colgarlo en internet, ¡palabra! Tampoco faltaron las maniobras locas para decidir si las foto la tomábamos con el móvil o con la cámara y, lo mejor, la revisión de cómo había ido el día a través de éstas.

En fin, que echaré de menos exprimir al máximo esas poco más de 48 horas de visita junto con la chica de los cambios de melena al viento a moño cada dos por tres y, sobretodo, las risas mil con ella :___D

Porto | the hanging plants

Peeeero ¡que nos quiten lo bailao! Además, siempre podremos volver :) Ahora a preparar el siguiente viaje que va a ser alucinante.

Si queréis ver más fotos bonitas del viaje podéis hacerlo a través de la cuenta de Instagram de mi compi nasualua y de la mía.

Até já, queridos!

Lost in Lisboa

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Habiendo dormido poco la noche del lunes, me planté en Lisboa a primerísima hora de la mañana sin haberme preparado absolutamente nada del viaje. Claro, lo único que tenía en la cabeza era cómo hacer una formación en 4 días sobre diseño gráfico a una chica que no había abierto el InDesign nunca, así que no tuve mucho tiempo para pensar en mi Yo turista.

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Me vino a buscar Bernardo, un señor muy majo igualito a Giancarlo Giannini, que sólo me hablaba en portugués y del cerrao cerrao. Lo único que entendí fueron palabras sueltas sobre el partido desastroso de Portugal del día anterior, alguna broma sobre España y yo mientras asentía y rezaba para que las frases no acabaran en pregunta.

La palabra “café” voló en el coche y nos paramos delante de un bar Manolo muy auténtico. Supongo que al ver mi cara de sobación extrema, ya que me había levantado a las 5:30 de la mañana, pensó que era lo que más necesitaba en ese momento. Una de las primeras cosas que aprendí estos días entre lisboetas fue que allí el café lo toman muuuy expreso, incandescente y cada media hora! Así que ya me veis a mi, amante incondicional de los cafés con leche a litro, bebiéndome aquello de golpe para no quedar mal delante de mi nuevo amigo, lo que fue una total resurrección.

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La formación empezó directamente al llegar. Ocho horas intensas de explicación, práctica y paciencia absoluta. Enseñar, mirar, corregir y así todo el día. Luego por la tarde decidí que el cansancio podía más que las ganas de ver Lisboa, así que me fui derechita al hotel y paseé tranquilamente por el Parque das Naçoes, un lugar muy bonito y futurista donde se hizo la Expo ’98.

la foto

Al día siguiente por la tarde decidí que ese era el momento idóneo para visitar el centro. Tendríais que haberme visto la cara cuando la persona que me tenía que llevar a ver Lisboa se fue a su casa así como si nada dejándome allí dejada de la mano de Dios. La empresa se situaba en las afueras de la ciudad y no tenía ni pajolera idea de dónde estaba ubicada. Menos mal que mi discípula me dijo que no me preocupara, que me llevaría en autobús hasta la ciudad. De verdad que no pensé en ningún momento en coger un mapa, así que cuando mi alumna me dejó en la parada del bus con la única referencia de la parada de metro de Rossio, dónde cogería el metro que me llevaría a casa, pensé: Y ahora por dónde voy?

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Me armé de valor y ubiqué mi campo base en la Praça Dom Pedro IV. Así que ya me veis subiendo y bajando la misma calle, una tras otra, para así no alejarme demasiado de mi lugar seguro para volver al hotel, que por cierto estaba a años luz de allí. Fue un turisteo rápido y nervioso, no tenia ni faba de qué era lo que estaba viendo y por dónde estaba yendo, así que me fui pronto porque, a parte de que estaba totalmente destroyed del día de trabajo, no quería tener ningún problema para volver al hotel.

El tercer día ya iba mejor localizada así que me metí de lleno en el barrio de Alfama y como loca fui calle arriba calle abajo con mis Superga blancas, bonitas y cómodas, tranvía bonito por allí, vista espectacular por allá, mosaico precioso a la derecha y parada de descanso obligatorio con cervecita incluida a la izquierda.

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Os confieso que fue genial perderme sola entre sus calles, descubriendo uno tras otro, edificios un pelín destartalados pero preciosos, sentándome en un banco y ver a la gente pasar, una señora llamando a grito pelao a su hijo para que dejara de jugar en el parque y fuera corriendo a casa, unos vecinos hablando desde sus respectivos balcones, escuchando conversaciones en portugués que hicieron que me entraran un millón de ganas de aprender el idioma, haciendo mil fotos a todo, etc. En fin, llegué a sentirme infinitamente feliz dentro de todo ese mundo.
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Al final del tercer día revisé la guía que Lorena me dio de su Lisboa bonita y me di cuenta que no había visto ni una pequeña parte de lo que tenía que ver. Tuve TAN poco tiempo para ver TANTAS cosas maravillosas que la sensación al final del viaje fue un poco frustrante.

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Aún así me fui con la satisfacción de haber sido una buena tutora y ella una gran alumna. Dejé Lisboa con mil rincones aun por descubrir y con muchísimas ganas de volver para conocerla mejor. Quién se apunta? :__)